Carta a alguien

0370No sé quién eres, pero siento que te quiero. No sé cómo te dicen tus papás o qué comida te gusta, no sé si eres alérgico a los camarones o a las abejas o a nada. O a la nada. O a las fresas. O a las personas que saludan repartiendo besos que no suenan. Apenas rozando su pómulo antipático con tu ser. Yo lo soy.

El lunes caminamos tan cerca que creímos que nos íbamos a conocer. Te sentí respirar y volteé la cabeza para encontrarte, pero justo antes de que mis ojos se pudieran enamorar de tu abrigo de persona-que-sabe-lo-que-quiere (y luego de ti), pasó una mujer muy bella que me recordó que tenía que ir al gimnasio. «Todavía no», habrá dicho el responsable de escribir los días felices de las personas que hacen ejercicio. Supongo que ahí fue cuando crucé la calle y tú la esquina. Otro día tendremos más suerte.

Pasaron los días y ya era jueves. Como suele ocurrir, iba tarde y sin reloj. Iba a preguntarte la hora porque los clichés pueden ser bonitos si se ponen bien, pero recibiste una llamada y así fue cómo no nos conocimos por segunda vez. Tuve que preguntarle a la gordita que estaba sentada junto a ti. Me dijo tres y media. Dos cuadras después, me bajé del bus.

El viernes no nos conocimos por tercera vez. Decidí esconderme de ti y me fui a caminar justo por donde odias caminar. El sábado no me acuerdo qué pasó, pero asumo que no te conocí porque lo habría recordado. Ayer me llamaste y me preguntaste por una señora, te dije que estabas equivocado. La equivocada fui yo.

Hoy no salí de la casa. Lo hice por si acaso querías tocar mi puerta. Amor a domicilio. No me hubiera perdonado habérmelo perdido.

Sé que no sabes quién soy, pero sé también que has pensado en mí. A lo mejor lo estás haciendo en éste preciso instante. Ahora falta ver en qué momento de la historia nos cruzaremos. Mientras tanto, tienes tiempo para planear cómo me vas a saludar por primera vez. Ya sé cómo lo haré yo.

Deja un comentario