Y como en toda cosa caliente, un "pero": una nata encima del café con leche. Es rico molestarla con el dedo y jugar con ella, hacerla bailar y mezclarse un poquito. Incluso hablarle. Pero jamás la sacaría de la taza, ni la alzaría para ver cómo se despega del líquido y mucho menos me la… Seguir leyendo Comparando