Carna Waltz

El señor más aparatoso, el más mentiroso y la farsa de las farsas desfilan por la calle principal de tu ciudad natal. El aparatoso aparatoseando, llevando ollas y truenos de lata y sombrillas rotas remendadas y retorcidas, tornillos chocándose contra los resortes de su pelo. Cosas oxidadas clinclineando al son del paso paso más aparatoso tap del carnaval. El mentiroso, por su parte, torneado, bien parecido, flacuchento y enano, desde el piso mirando hacia arriba cómo don aparatoso aparatosea cantando canciones de rines de llantas y motores descompuestos. Mentiras que parecen verdades salen de la cabeza del más mentiroso y se chocan contra los oídos de los espectadores, quienes ansiosos por tocarle la espalda, mueven las rodillas al son de la tripleta tap del desfile. Y la farsa de las farsas abraza estos dos personajes, jugando con sus vestuarios y sonriendo como lo haría la farsa de las farsas. Saludo por este lado, saludo por este otro. Vestida de rosado como cualquier farsa lo haría, la farsa de las farsas atiende a sus invitados con encaje, té y galletas. Los acuesta sobre plumas de gallina y les da un beso sostenido en la frente después del espectáculo.

Lo que quería decir es que cuando estés dormido abrazando tu almohada, te voy a sacudir las plumas de gallina rosada y te voy a dar con una lata de atún y una olla arrocera en la cabeza, mientras una mentira vestida de pijama verde de verdad, te explota los tímpanos que tanto tap tap que predicas soportar.

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