Mirar bien me encanta. Vamos a mirar bien por la ventana. Para hacerlo, necesitas estar vivo y no ser ciego. Para estar leyendo esto también. A menos que alguien te esté leyendo en voz alta, lo cual dudo pues a la gente no se le ocurren esas ideas tan buenas. Reunirse un grupo de ciegos a la cabeza de alguien que no lo es, leyendo blogs de desconocidos en voz alta. Eso no pasa en la vida real. Si sí, invítenme, me hago la ciega y llevo algo rico de comer.
Estaba en mirar bien. Mirar bien hace referencia al uso de los ojos. Hay que abrirlos para usarlos. En realidad, hay que separar los párpados, pues abrir los ojos sería demasiado complicado y doloroso. Cuando uno tiene los párpados separados (uno arriba y el otro abajo), hay que traer la cabeza a jugar. Hay que decirle a la cabeza que venga, que la necesitamos. Todo tu tú debe estar en la ventana, de lo contrario, podrías ver… pero jamás ver BIEN. Eso le pasa a mi mamá pero escuchando. Uno a veces le habla y ella te mira hablar, pero «a leguas» se puede ver como ella no tiene la cabeza en la ventana. Entonces uno puede terminar cualquier frase en cualquier punto y ella no nota la incoherencia. Mira mami que ayer estuve. Silencio. Ella asiente con la cabeza y a veces, descaradísima, dice: «qué chevere Nena». Y la Nena habla más rápido y hasta en otros idiomas que no entiende. Y la mamá sigue diciendo que muy chévere Nena. Como si entendiera árabe con Parkinson. Como si yo entendiera a mi mamá.
Tú no me miras bien porque te da miedo que cierre la ventana cuando tengas la cabeza adentro. Ya te pasó una vez y te dolió mucho. Perdiste la cabeza por estar viendo bien y desde entonces decidiste ser bizco. Pues, déjame decirte que te ves horrible mirándome mal. Muecas.