Primer acercamiento a las entrañas de la Sra. Soledad

0184Advertencia de mirones:

Quien no haya sentido que el mundo siempre sigue y siempre seguirá, con o sin él, no me lea esta vez. Si usted es esa persona, francamente, va a perder el tiempo. Y no lo tome personal y se ponga a decir que soy una creída mamerta con ínfulas de escritora en proceso. O bueno, hágalo pero váyase. Hoy me quedo sólo con los buenos.


Pues sí, ayer estuve realmente sola. Y con eso no quiero decir: «estuve sola, fui triste». Lo fui, claro que lo fui, pero eso no es todo lo que saqué de la experiencia. Eso es apenas la punta del iceberg, el pedacito con el que se casan todos los que tildan a la soledad de mala compañía. Todos los eternamente acompañados. Todos los que procuran estarlo siempre, así sea a costa de la calidad del fin. Sin importar los medios hipócritas a los que tengan que acudir para lograrlo. Los que viven (sólo) para ver crecer el número (ya) monumental de su visible lista de amigos.

Estar solo no es sentir que nadie lo entiende a uno, esa es una soledad adolescente. Uno puede estar acompañado y sacar la misma conclusión. Y en el mejor de los casos, decidir por voluntad propia asoledarse (conozco la palabra ‘aislarse’ y no me sirve).

La soledad es ocupar todos los roles de un barco al mismo tiempo. Caminar, llorar y autoconsolarse, manejar el timón del cuerpo, pasar bien las calles velando por la seguridad de todos los tripulantes. Manos y pies dentro del vehículo por favor. Es pagar los peajes, pensar en el pasado, pensar en el futuro y verse lindo haciéndolo. Es acordarse que uno debe comer y dormir y amar y en lo posible, no fumar. Es cuidarse. La soledad es entender la necesidad que tiene uno de estar con alguien y contarle cosas. Es escuchar a esa persona, pensar qué decir con este ojo y con el otro ver el reloj. La soledad es llegar a tiempo sin excusa. Estar solo es tener el corazón triste y aún así saludar al portero y darle las gracias por abrirle la puerta a uno. La soledad es hablarse y decirse que todo va a estar bien y que si no llega a estarlo, bien, algún día tenía que pasar. Sentirse solo es contemplar el cielo sin poder cegarse, pues el café no estará caliente para siempre.

Mi soledad particular se caracteriza por una conciencia especial al caminar. Una conciencia que no me abandona. Que me hace pensar en cada paso que doy y por eso es que soy tan torpe caminando. Siento demasiado mis pies, cada dedito trabajando en equipo para que yo logre moverme. Soy torpe porque pienso mis movimientos en momentos que no debo.

Menos con tacones: mi soledad en tacones se acuesta a dormir y se me olvida que estoy sola.

La soledad es pintarse las uñas, lavarse el pelo, tender la cama y acordarse que escuchando música, uno lo disfruta más. Y no cualquier tipo de música. La soledad implica la búsqueda del bienestar propio e incluso, una soledad bien llevada, puede terminar en una búsqueda de la felicidad interesante. La soledad es darse cuenta que uno no vive solo en el mundo y que por desgracia, no debe pasar esa ley por alto para alcanzar sus fines. Que si estoy solo soy feliz, no. Que si aprendes a estar solo puede que sueñes y busques una felicidad mucho más real. Que si estoy acompañado no seré feliz, no. Que eres un bruto por sacar semejante conclusión tan enclenque.

Uno siempre puede estar más solo. Admiro a la gente que no le teme a intentar asoledarse. No no. Admiro a la gente que aunque le tema a asoledarse, lo intenta. Inténtalo, cuéntame y te admiraré. Gr.

Es la primera vez que sé que volveré a escribir al respecto. Me encantó.

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