Ver a una persona que yo describiría como casi-imperturbable derrumbarse hace parte de la «Lista de cosas que me erizan la piel». No sé si el ser humano esté en capacidad de alcanzar algo así como la no-vulnerabilidad (¿ataraxia?), pero algo que sí sé es que hay muchos, incluyéndome, que la hemos deseado con todo nuestro corazón en algún punto de nuestras vidas (exista o no exista).
Pese a que siempre me he inclinado a pensar que todas las personas somos necesariamente vulnerables, que estamos naturalmente abiertas a nuestro entorno y por ende, somos sensibles frente a los cambios que ocurran en este, he conocido tres o cuatro personas que me han hecho dudar seriamente –varias veces y cada vez por periodos más largos– sobre la solidez de mi afirmación/teoría.
Piedras humanas, seres que tienen ventaja sobre el resto nosotros (manadas de mortales susceptibles y endebles). Sobre el resto de nosotros: los delicados. Bichos raros que saben lo que quieren, que tienen una mirada extraña, o un súper poder, o una certeza escondida; personas a las que un ser de naturaleza divina les contó algo y por eso son tan ingeniosamente selectivos, seres que encontraron grabado en una piedra un secreto sobre el orden del universo, yo qué sé… personas a las que por alguna razón –que como espero haber podido demostrar– no conozco, no las destruye nada ni nadie.
Y en esta ocasión especial (especial por falta de tiempo, un café y alguien con quien charlar eternamente al respecto), me estoy refiriendo a términos como destruir, derrumbar, perturbar, etc., para poder caracterizar de forma conscientemente subjetiva e intuitiva (conste), una particularidad que tiene un sentimiento que me obsesiona y es el amor. ¿Qué sería del amor sin su dosis de desorden, de caos, de preguntas sin respuestas, de nervios, de des-control, de crisis? ¿Cómo diantres es posible que una piedra humana, que como tal es imperturbable, indestructible e “inderrumbable” se enamore? ¿Se enamoran?
La respuesta obviamente no la tengo. Lamento haber emocionado a todos mis pares sensibles y vulnerables. Pero algo que sí tengo es un ejemplo de una persona, una mujer, que representa de forma monstruosa y sorprendente ese tipo de persona que anteriormente llamé piedra humana y que por pereza, lo admito, llamaré así de ahora en adelante pese a que pueda llegar a sonar excesivo. Esta mujer se llama Catherine y es la protagonista de una historia de amor (que no me parece un término feliz para su forma de ser), de un “triángulo amoroso consensuado” que se construye entre ella y un par de hombres que además de ser amigos, son mejores amigos: Jules y Jim.
Catherine es una mujer llena de energía, confianza en sí misma, divertida y supremamente caprichosa, capaz de doblar la voluntad de Jules y Jim a su antojo. Es una persona que si mal no estoy, asegura haber tenido muchos hombres, lo cual debió incidir de alguna forma en la construcción de esa personalidad arrasadora y completamente ausente de ingenuidad como lo es la suya. Una personalidad inflada de experiencias y recuerdos (¿dolorosos?).
Si me preguntan, yo diría que Catherine es una persona principalmente desconfiada, que ha resuelto no involucrarse en exceso con nada ni nadie y que ha montado un espectáculo de espontaneidad ilimitada como estrategia que la mantiene al margen de todos.
Seguramente estoy siendo atrevida a la hora de intentar llegar tan lejos en mis observaciones, pero poco o nada me importa. Me interesan fatalmente las historias que intentan delimitar, definir, cercar, explicar y/o esculpir de manera detallada a un tipo de mujer. Que se toman el tiempo para darnos pistas a los lectores respecto a aquellos detalles que la hacen ser lo que es y no ser lo que no es. Pues bien, gracias a Moviecity Play, una página que encontré (para que vean cómo comparto mis descubrimientos), pude darme el placer de deleitarme con Jules et Jim una película del Director François Truffaut que, precisamente por este fetiche mío, había buscado hace bastante tiempo.
Ya tienen el link y seguramente el aburrimiento típico vacacional. Véanla y si quieren tener un detalle de fina coquetería con El Moño, cuéntenme si no les pareció que esa vieja esconde algo.
