Y cuando finalmente el taladro se detiene (después de 3 horas seguidas de estar sonando), ladra el perro triste del vecino (que no te explicas por qué lo tiene si no lo quiere). Y cuando el pobresito deja de lamentarse, grita la sirena de una ambulancia (te preguntas si será una urgencia real o una forma de evadir el tráfico. Le das el beneficio de la duda). Y cuando la posible urgencia se aleja, haces conciencia del ruido que hace el ventilador (no tienes nada que decir al respecto, no es tan molesto). Te quedas mirándolo hasta que lo superas. Ahora es tu cabeza (siempre ha sido tu cabeza. Hay quienes conviven tranquilamente con todo lo anterior. Ni se fijan).