Cada tanto tiempo siento la necesidad fisiológica de odiar a alguien. Cuando no lo hago, se me seca la lengua, me rasca la cara y los ojos se me irritan. Una vez me aguanté las ganas de odiar a la bruta que sostiene el letrero de Pare y Siga escuchando un audiolibro de cocina mediterránea y terminé en la clínica con la traquea cerrada… Seguir leyendo Odiar o Morir