Estar frente a alguien y no poderle decir absolutamente nada. Y no por falta de boca o de asuntos a tratar, ni muchos menos por falta de interés. A veces, muchas veces, uno no saluda sencillamente, porque uno no quiere despedirse. Porque es preferible imaginar una escena perfecta en la que uno no tartamudee (ni… Seguir leyendo No saludar para no despedirse