Hace poco presencié una escena que no he podido sacarme de la cabeza. Una niña de unos 16 años estaba caminando por la acera junto a una pequeñita -su hija- del brazo. Se dirigían hacia el jardín infantil y era fácil percatarse que estaban de afán. La chiquita, con el pelo empapado, iba llorando, refunfuñando… Seguir leyendo "¡Camina!"