¿Que si conozco a Prima II? La verdad es que poco. Ahí va lo que sé.
Prima II es una mujer de unos 38 años, ruidosa e inoportuna, mentirosa, caderona y más bien poco reflexiva. La conocí en una reunión de fin de año que hizo Marciana en su apartamento de soltera –que es el mismo de ahora y de siempre, pues no se ha casado ni se va a casar, ni se ha trasteado ni se va a trastear– un estudio diminuto plagado de lámparas de colores, móbiles, adornos de origami y un juego de mesas de cristal, redondas y noventeras con bordes dorados. Pero me equivoco. Yo no conocí a Prima II en una reunión navideña. Miento. Ese 31 de diciembre la vi por II vez.
Ahora que lo recuerdo, la conocí una tarde haciendo compras.
Estaba comprando el regalo de Navidad a Marcianita, un alfiletero en forma de tomate del tamaño de la cabeza de un bebé prematuro de unos cuatro meses de nacido, es decir, como la cabeza de un bebé normal recién nacido.
Iba con siete bolsas en cada mano, taconeando como gallina borracha, con la circulación de los dedos cortada de tanto «detallito» que le había comprado a las personas que quería meterse al bolsillo en el 2015. Dentro de ellas: yo. No me conocía y ya me había comprado detallito. Y bueno, ese día que la conocí la vi comprando mi detallito. Y pensé «qué detallito más feo». No le dije eso cuando me lo dio, claro está. Cuando me lo dio, o sea la II vez que la vi en la vida, dije «qué detallito más bonito».

Prima II dice que le dice a las verdades a las personas en la cara. Yo creo que dice eso, porque sueña con que le digan las verdades en cualquier lado del cuerpo (prefiriendo algunos lados sobre otros, como cualquier mujer empoderada). Es que a la pobre prima segunda de Marciana se le conoce por ser la persona que más mentiras ha recibido en la vida. Googléala y verás.
La verdad –y te la digo donde quieras– es que a Prima II da ganas de decirle mentiras. Las pide a gritos. Dime mentiras, dime mentiras, dime mentiras te lo suplico, me quito la vida si no me mientes. Y a gritos lloró cuando Marciana dejó caer el alfiletero en forma de tomate en la tasa del baño. Compra detallitos feos y espera que uno, esclavo de sus buenos modales, no le diga mentiras. Ella se las busca.
¿Qué más sé de ella? Tiene un hijo. Primito III, se llama. Tiene la edad de Marciana y es una persona normal. Paga las facturas a tiempo, mira a la izquierda y luego a la derecha antes de pasar las calles, quiere enamorarse, evita pasar cerca a las construcciones y a los aparatos esos miedosos de cortar el pasto. Siente que hay canciones que fueron escritas pensando en él. Esconde las manos en las reuniones cuando tiene las uñas largas. Le toma fotos a sus amigos y las sube a Instagram para que los demás no piensen que se la pasa solo. Sabe que el filtro en blanco y negro hace maravillas.
Prima II y Primito III se la llevan bien. Se la llevan tan bien que pensaron en el alfiletero al tiempo. Y fue una idea buenísima. Tan buena idea que le dije a Marciana que lo botara a la tasa del baño porque yo le había comprado lo mismo y para qué tener dos detallitos feos.

